Tras Las Huellas del Poema

domingo, septiembre 03, 2006

DEIVIN SALAZAR, Y SU PASIÓN CALLEJERA, EN TRAS LAS HUELLAS DEL POEMA

DEIVIN SALAZAR, Y SU PASIÓN CALLEJERA, EN TRAS LAS HUELLAS DEL POEMA.

La Tertulia Tras las Huellas del Poema, vuelve por sus fueros, con la presentación del libro, Pasión Callejera (un texto ruptural, sin alinderamientos, ni género), ópera prima, del joven escritor, Deivin Salazar.

Tiene la fortuna, Deivin Salazar de la palabra irreverente y explosiva, con esa iconoclastia de los Nadaistas, que en el sesenta sacaron de la modorra a la literatura colombiana.

Por eso no extraña, que su libro empiece con un grafiti detonante: "... y hoy sigo vomitando los números, pateando las puertas del vigilante de la calle y maltrechando el impune ingles", llevándonos de un tirón, en una especie de poema-narrativo largo, por la piel y los riñones de una Piedecuesta que exuda vida, y me hace recordar la novela del barranquillero, Julio Olaciregui, Trapos al sol, visión, a manera de fresco, de París.

Si otros escritores piedecuestanos, han abordado la ciudad desde lo histórico, Deivin, lo hace desde una lírica muy personal, con un sentimiento que puede sonar a queja, a sarcasmo, a dolor.

Pasión Callejera, en su irreverencia, lleva a transgredir la escritura como norma, en la idea de que el color es único y universal, y no importa la regla.

Carlos Augusto Pereyra Martínez
Director, Tras las Huellas del Poema
(Viernes 01 septiembre - 2006)

Pasión Callejera, en granos

Olas repetidas, que crecen con el ritmo del tiempo y florecen día a día; el domingo es muy temprano para levantarse y la incesante búsqueda del goce nos explica que la vida es un comienzo a fin.

Las ollas retumban con maestría, los niños llegan al charco más vagabundo y se infiltran como pescado en el mar, la diosa del viento nos muestra lo encantadora que puede llegar a ser la diosa de la montaña, y por si fuera poco el abuela ya casi ebrio muestra el vigor por el montón de ésta raza, el pueblo, que con ayuda del canto da un vistazo al vestier de las señoras, que en sus prendas llevan el legado de una tradición que nunca olvidará el goce de la tarde y la plenitud del desquite frente a lo disgustado que pueda ser el día de mañana.

Ha nacido un niño más de aristocracia o decadencia, el asiento impuro florece de alegría mientras que en el silencio se escucha un niño llorar, las almas exigidas por el amor no cuentan más historias, porque de ese ícono se trata; el canto impar del bofeteo de la calle y una nueva razón de explicar que la misma vida es indulgente.

Un hippy fue pasando, dando rosas a su tumba, en cambio la anciana resentida dará a conocer a su familia que seguía en pie de muerte; a ratos se agrupan a cantidad de personas como si fueran ellos los muertos, y sin conocer el rumbo llegan a despalmar la vacía tumba, pero su alrededor muestra los dioses del destino.